Andrea

El verdadero misterio del mundo es el visible, no el invisible.
(El retrato de Dorian Gray. Wilde)

 

 

Nunca había juzgado de bello un atardecer antes. Las espigas tostadas del pasto crecido formaban un camino que daba hacia la playa, el mar estaba en quiebra y se recogía con el cambio imperceptible de lo que se ve a diario. Pienso que el haberme sentido en una escena de Solaris afirmaba mi ingenuo juicio estético: allí estaba, de pie, infantil, con la máscara de la sinceridad y la curiosidad. Cuando apartaba mi vista del mar contemplado desde aquél camino, lo dirigía hacia la puesta del sol: las grandes nubes lo ocultaban, pero este encontraba la forma de filtrarse por entre lejanos espacios que parecían llamas encendidas. ¿Cómo será ver desde el mar que la propia casa se consume en una llamarada silenciosa? Tumaco parecía incendiarse desde aquí, las llamas subían tanto que las nubes se prendían acalladas.

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