Sobre “esto” (o sobre lamparear, que es casi lo mismo)

Quizás este sea el texto más ridículo que alguna vez he escrito y probablemente mañana lo vea con los ojos sobrios de la vergüenza. Trataré de dejarlo aquí como testimonio de mi estupidez, al menos para que volver a él represente para mí un acto de valentía.

Al momento de escribir este texto me encuentro mirando al cielo preguntándome si existe algo verdaderamente objetivo en el mundo. La reflexión proviene tras una serie de disociaciones que he venido experimentando desde hace ya unas semanas. Me he encontrado constantemente sacudida por impresiones opuestas, y junto con el desasosiego que esto naturalmente produce y el maravilloso asombro que genera lograr concebir la multiplicidad, el único gesto que encuentro consecuente a mis sentires consiste en gritar. Mi cabeza retumba para sus adentros: “¡¡y hoy por fin, la inmensidad fue el bien!! ¡¡y hoy por fin, la inmensidad fue tibia y fugaz, como el sol…”. Y siento como mi cuerpo se funde en estas palabras, y luego mi aliento se ahoga en ellas tal y como lo hacía Spinetta al cantarlas.

Pero una regresión introspectiva me cohíbe de gritar. Le pongo freno a mi fantaseo infantil. Pienso que quizás todo “esto” sería más sencillo si no tuviera constantes ganas de gritarlo, pues los ojos objetivos lo traducen a la ridícula pretensión de lamparear. Siento, sin embargo, que “esto” me sobrepasa (aún cuando ni siquiera sé cómo llamar a “esto”), y que pese a los innumerables ojos que pueden estar juzgando cada aventón de maneras hirientes, benévolas, o compadecientes, ser lampara, como escribir, resulta ser una necesidad propia de una persona que en su idiotez trata de conciliar su propia vida en lo terrorífico, tentador y profundamente inquietante que ella le representa.

Al final este texto es un texto sobre absolutamente nada. Su carácter es tan íntimo que a los ojos del otro es pura y física lamparería. O quizás ni siquiera es eso, quizás está tan desprovisto de contenido que lo único que logra es comunicar una vaga idea y no logra evocar nada en nadie además de mi. Pero ser lámparas, en la ridiculez que comprende la manifestación de la excesiva introspección, es la única forma de ser consecuentes con nuestro proceso e historia. Yo espero que algún día este fervor se convierta en música, o poesía, o lo que sea que genere reconocimiento y esperanza en personas igual de cándidas a nosotros. Espero que ser lámpara no sea ya más una manifestación de la introversión sino que de allí nazcan manos y se moldee el grito en nombre del otro, en nombre de la ficción que le representa consuelo y resguardo, para entender que todos necesitamos consuelo y resguardo y que a partir del gesto noble de reconocerse vulnerable y desnudo es que tiene cabida la idea de soñar, y construir.

“…la noche llega y tal vez mañana no exista el tiempo con sombras… La noche llega y tal vez mañana no exista el tiempo con sombras. ¡¡La noche llega y tal vez mañana no exista el tiempo con sombras!!”

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