Árbol conmovido y triste

Me abruman las figuras.

Y los colores, y los sonidos y los versos; confiesan al vacío impetuosos sentires.

La naturaleza me abruma con sus imágenes poderosas y cargadas.

Y yo, en mi pequeña pequeñísima finitud,

me envuelvo en una estela de humo.

Me transporta a mi ser primario, fervoroso y ardiente.

Le temo, le teme (se teme) y me teme.

Pequeña, pequeñísima soy dominada por el desasosiego y la angustia.

Lloro consumida por la magnificencia del mundo,

tan grande

y yo tan pequeña.

Tengo reminiscencias que no identifico, y se me entumecen las manos dentro de la selva virgen.

Yo sin saber por qué, no interpreto:

ella es más fuerte, y yo soy parte de ella, si es que no soy ya toda ella.

La melancolía condensa los sentires. Amo y padezco profundamente todo lo que no interpreto,

pero que es todo lo que me configura.

 

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