Comentario a la naturaleza de Judas Iscariote y Waking Life (2001)

Jesús de Nazaret según el libro de San Mateo valió 30 piezas de plata. Yo no sé cuánto será eso ahora, supongo que si hiciera el ejercicio serio de transformar la moneda a este momento, pensaría que podría comprarme varias cosas con esa platica: comida, bareta, ropa, una moto de dos tiempos, y una Colt con tambor.

La historia de Judas me parece fascinante. Un hombre cuyo propósito de vida era vender a Jesús por unas monedas. Aunque no es una mera transacción o comercialización de Jesús, no es como que el Hijo de Dios fuera un esclavo que se vende por monedas; al contrario, el Hijo de Dios es un sueño infértil que solo tiene sentido en tanto uno de sus discípulos lo entrega.

Cuando leí la Biblia me fue inevitable pensar en que los seres humanos están predestinados, en que el libre albedrío —y el problema de la libertad—es un pajazo mental, y que las libertades fácticas cotidianas, como en el hecho mismo de elegir un color sobre otro, es señal de un plan ya trazado por alguien más que no soy yo mismo.

No me miento, esto suena absurdo, pero para el cristiano es fundamental. Me parece —opinaré al desconocer otras posturas— que la estructura general del cristianismo se basa en un plan que Dios ha trazado con anticipación. La biblia —sobre todo los textos canónicos— está construida en su totalidad en una idea clave y transversal, esta sería lo que creo que es fondo del concepto del mensaje profético.

No entraré en los detalles formales del mensaje profético, esto lo encuentro inútil ya que emprendería una tarea descriptiva de los tipos de mensajes proféticos que hay por ahí en la biblia. Sin más dilación, el punto central del mensaje profético radica en su confirmación observable en el futuro lejano o cercano de una afirmación ciega hecha en un tiempo pasado sobre el futuro. Digo ciega, porque no hay certeza sobre el porvenir, y aun así, el mensaje bíblico se encarga de cumplir toda palabra profética.

Aquí reside lo mágico y transcendental de las revelaciones divinas: en la capacidad de confirmar una afirmación pasada; desde luego, su confirmación es de carácter observacional y su constatación depende del estado de cosas de la realidad. Entonces, a modo de ejemplo, si algún profeta —Isaías, por ejemplo— dijo que Dios enviaría a su hijo a la tierra, y que este sería sacrificado por el perdón de los pecados de la humanidad; la constatación de estos mensajes proféticos dependen de si en un futuro vendría el Hijo de Dios, y moriría crucificado.

Así es la estructura dorsal del cristianismo: es verídica en tanto el mensaje profético es constatable con la realidad. Razón por la que debía existir un Judas: un traídor, un hombre que sin entender —aunque yo creo que sí la entendía— su naturaleza cumplió su destino. Jesús pudo haber sido un pelele más si Judás no hubiera existido, pues su existencia se resumía en la traición. Su naturaleza se anticipó a su existencia misma; y al existir no tenía otra opción que cumplir la misión otorgada antes de que si quiera existiera.

La predestinación es una idea absurda. Es una idea que a veces me carcome. La predestinación es como dormir el sueño eterno de Waking Life (2001) de Richard Linklater.

Pues bien, de esta película quería hablar en primer lugar, pero no podía empezar a hablar de ella sin antes hablar de Judas Iscariote y la predestinación cristiana. Además, no se me ocurrió otra forma de hacerlo.

The betrayal doré.jpg
Lejos, uno de mis grabados favoritos de Doré.

Para cerrar este tema de Judas, quiero decir que me niego a creer que Judas Iscariote se haya colgado como un cobarde. El libro de San Mateo narra este desafortunado evento así:

27.3 Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,
4. Diciendo: yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!
5. Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.

No tiene mucho sentido para mi que Judas, al conocer su destino y su predestinación —porque defiendo la idea de que era consciente— se haya arrepentido. El libro de San Juan 13.21, narra que Jesús anunció que Judas sería quien le traicionaría, como estaba escrito ya. Todos sabían que este hijueputa lo iba a vender, ahora me pregunto: ¿alguien hizo algo? Nadie hizo algo. Todos lo sabían, incluso Judas.

Por esta razón, me parece un final patético contemplar la imagen de Judas colgado en un árbol; la idea de alguien que es consciente de su naturaleza no tiene otro destino que aceptarla. ¿Por qué alguien querría cuestionar, aun cuando esto represente retar la tradición religiosa a la que se pertenece, la finalidad expuesta por su propio Dios? No creo que Judas se haya arrepentido de sus actos; al contrario, creo que el relato bíblico es moralista —los evangelios tienen un carácter más moralista que otros libros— en este aspecto, disimula la maldad de Dios, oculta con un suicidio la perversidad humana que predestinó el mismo creador.

Yo creo que el Dios judío es una cosa notablemente distinta al Dios cristiano (el Dios del antiguo Testamento, y el Dios del Nuevo Testamento, respectivamente). Mientras que el primero se regocijaba por la sangre derramada y los sacrificios, el segundo espanta las dudas con la certeza de la palabrería y las habladurías. El primer se preocupa por el porvenir, por el mensaje profético en su naturaleza inmediata; el segundo es un dios acomodado, es uno que hace que Judas se suicide a pesar de su plan.

Si el Dios judío fuera el mismo de Judas Iscariote, se diría de Judas que vivió una vida larga y placentera, que fue recibido en el cielo a la diestra de Dios, y que sus actos no fueron otra cosa más que la obra de Dios. Más honor tiene vivir a expensas de saber su destino; que saber que se va a morir por una cantidad de gente que ni siquiera conoce: como si la muerte de Jesús fuera la expresión misma del romanticismo. Ese dios cristiano es demasiado romántico, es demasiado controlador, es un obsesivo, se parece más a la idea de un hombre perfecto, que a la idea de un Dios perfecto.

Despertar a la vida es decidir vivir a pesar de saber el destino o la finalidad. En este caso, Waking Life es una bella metáfora que contempla la naturaleza de mi propia vida y la forma en la que los otros viven sus propias vidas, se construyen a sí mismos y de cómo sus vidas me afectan también.

La animación de esta película dice tanto de su contenido que los primeros minutos de la película me dejaron consternado, casi que confundido. Las formas, la secuencialidad, lo real de algunos paisajes y personajes me llevaban del mundo onírico mismo de la película al plano real: donde las personas se suicidan, donde los demás creen en el Dios que sea, en Abraxas, en ellos mismo, en Juan, en quién sea, donde no pueden ser lo que quieren ser; solo queda soñar.

Siento incluso que la película es paradójica, que juega con la pluralidad semántica de soñar, puesto que para despertar a la vida, no se necesita otra cosa más que soñar: soñar consigo mismo. No es siquiera una espera para despertar, es un despertar para soñar.

Yo siento que Judas Iscariote encarna de la mejor forma el sentimiento de despertar para soñar en un sentido contrario al que indica Waking Life. Contrario a la premisa de que despertar es soñar, Judas despertaba a la vida para seguir despertándose. Intentaré explicar esta última afirmación, pues acepto que está confusa.

Cuando uno ‘despierta a la vida’, no está despertando sino a otro estado distinto que estar soñando, solo que ahora sueña en otro sentido menos onírico, y más espiritual y personal. El sueño ya no es uno incontenible del cual no se puede salir, sino es uno en el que uno puede vagar libremente, crearse a sí mismo, y pensarse.

Judas, en cambio, no despierta a nada: Judas sigue soñando un sueño onírico y cristiano. Pero Judas es consciente y, sobre todo, acepta su situación de consciencia; y muy a pesar de eso, decide estar en el mismo lugar: seguir soñando el sueño cristiano del mensaje profético, el de la predestinación. Judas no tiene la opción de soñarse a sí mismo. Yo sí. Creo que de eso se trata Waking Life, de despertar para soñarse a uno mismo.

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