Sin título.

Últimamente he pensado mucho en la soledad. Aunque es cierto que últimamente no pienso con claridad, todo es borroso, oscuro y muy confuso; no estoy seguro si estar en este estado me importa. No estoy seguro de las cosas que quiero, y menos de si quiero salir del hoyo oscuro en el que me he refugiado.

A pesar de que es un refugio no estoy del todo seguro allá abajo: siento una amenaza constante que me produce falta de sueño. Cuando cierro los ojos mis manos hormiguean. Cuando recuesto mi cabeza sobre el colchón escucho mi respiración desesperada. Pero no sé si me importa. Empiezo a creer que soy más de dos personas a la vez.

Este refugio es frío, oscuro, triste, solitario. Cuando era más pequeño siempre me gustaba esconderme en lugares oscuros y pequeños; me sentía protegido por lo pequeño del lugar. Es pequeño. Es frío. Es triste. Es acogedor. Es fácil esconderse ahí.

¿Por qué me preocupa tanto saber quién soy yo, y por qué importa tanto en esta discusión?

Claridad. Oscuridad.

Por momentos quisiera entender las razones, motivos y propósitos de mi existencia. En otros, simplemente quiero hundirme en las sombras de la confusión, inclinado hacia un abismo terrible. Me gusta mirarlo, me gusta tentarlo.

Me parece que soy un prisionero de mi refugio y no lo había advertido. Pero insisto, no sé si me importa.

Yo no estoy seguro si uno debería odiar, pero odio el sonido de tu voz. Si tu voz alguna vez fue un refugio espléndido, ahora es ruina. Son ruinas de un palacio mentiroso. Aunque debo confesar que ese palacio mentiroso era agradable, te presentabas con dulzura, cariño y comprensión. Pero yo nunca quise tu dulzura —así fuera falsa—. Nunca te quise y nunca lo haré. Pero a pesar de que no quisiera tu dulzura, lo dulce de tu voz me consolaba.

Quisiera que se me concediera un deseo: jamás haberte conocido. El odio, la traición y la muerte son los fundamentos de un refugio ficticio. Uno en el que yo mismo me he acuartelado para olvidarte. Y aunque ya no te escucho, ni veo tus ojos, me sigues atormentando; y yo, sigo acuartelado en odio.

1200px-witches_flight_goyaSin hacer nada, ganaste. Me ganaste.

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